Hoy, el tiempo se detuvo en un pasillo del hospital. 
Mi madre y yo salimos del quirófano después de más de 10 horas… con las manos cansadas, el corazón apretado, pero el alma llena de esperanza. 

Había un paciente, gravemente enfermo, cuya vida pendía de un hilo. Hubo momentos en que todo parecía frágil… y aun así seguimos. No por fama. Por deber. Por amor a la vida.
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