“Elliot, mis padres acaban de fallecer.”
“¿Cómo afecta esto a la planificación de la boda?”
—Lo sé. Lo sé, cariño, lo siento. —Me besó en la coronilla—. Solo quería decirte… Hay muchas cosas que resolver.
Quería creer que era el dolor lo que le hacía parecer egoísta.
Pero cuando se formalizó la tutela, Elliot llegó a casa con una pregunta que demostró que no era ninguna sorpresa.
Eso era lo que siempre había querido.
Quería creer que era el dolor lo que le hacía parecer egoísta.
Así que, en cuanto permitieron que los gemelos se marcharan, los traje a casa.
Les preparé unos sándwiches croque-monsieur.
Les dejé dormir en mi cama.
Observé cómo sus pequeños senos subían y bajaban.
Y les susurré que jamás dejaría que nadie me los arrebatara.
En ese momento, no tenía ni idea de que la única persona que algún día podría amenazarlos era aquella en la que más confiaba.
Jamás dejaría que nadie me los quitara.
***
La puerta principal se cerró tras Elliot mientras este entraba en silencio.
Arrojó las llaves sobre la mesa de la entrada como si fuera el dueño del lugar.
Acababa de acostar a los gemelos en la habitación de arriba para que echaran la siesta.
Los documentos de tutela estaban en una carpeta cerca del frutero, firmados y sellados esa misma mañana.
—¿Está todo resuelto? —preguntó Elliot, aflojándose la corbata.
“Es oficial. Soy su tutor legal.”
“¿Está todo resuelto?”
Asintió lentamente con la cabeza y luego se apoyó en el marco de la puerta con una sonrisa extraña y cautelosa.
