La pareja: una fuente inagotable de humor cotidiano

La vida en pareja es, sin duda, uno de los escenarios más fértiles para el humor. Entre respuestas rápidas, situaciones improbables y episodios tan absurdos que terminan resultando hilarantes, convivir con alguien se transforma muchas veces en una verdadera comedia diaria. ¿Alguna vez sentiste que tu relación podría convertirse fácilmente en el guion de un espectáculo cómico? Tranquilidad: no estás sola.

A continuación, reunimos una serie de historias divertidas que retratan con exactitud esos instantes en los que el amor y la risa van de la mano, justamente porque todo lo que sucede resulta demasiado familiar.

La pareja: un manantial inagotable de situaciones cómicas
En un supermercado, un joven se acerca a una mujer que estaba haciendo sus compras. Sorprendida, ella le pregunta:

—¿Puedo ayudarte en algo?
—En nada en particular… solo quería conversar un poco —responde él con una sonrisa.

Cómo hacerla aparecer en segundos
—¿Y hablás con otras mujeres aun teniendo pareja?
—Sí, tengo una compañera… pero nunca sé exactamente dónde está. Por experiencia propia, descubrí que apenas empiezo a conversar con alguien interesante, en menos de diez segundos aparece de la nada.

Una manera ingeniosa de recordar que, en una pareja, los celos funcionan a veces como un verdadero sistema de radar.

Una nueva propuesta para el fin de semana
Un viernes por la noche, un esposo pasa a buscar a su mujer al salir del trabajo. Durante el trayecto, le propone con entusiasmo:

—¿Y si este fin de semana hacemos algo diferente?

La respuesta práctica y filosa de la esposa
Ella le contesta sin dudarlo:

—¡Excelente idea! Mientras el peque duerme en su habitación, vos podés quedarte en la cocina… y yo aprovecho para descansar un rato en el sofá.

¿Casualidad? Difícil creerlo, pero ya se puede imaginar la maleta lista… repleta de novelas románticas.

El sorteo… en la punta del dardo
Dos amigos charlan animadamente:

—Mi esposa insistía en que nuestras próximas vacaciones fueran realmente originales. Entonces se me ocurrió una idea: le tapé los ojos y le pedí que arrojara un dardo a un gran mapamundi. ¡A donde cayera, ese sería nuestro destino!

Cuando el azar lo decide todo
—¡Genial! ¿Y adónde van entonces?
—Bueno… el dardo cayó justo encima de la biblioteca del barrio. Resultado: en agosto vamos a pasar dos semanas en plena aventura literaria.

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