Apreciada en la cocina, pero poco conocida por sus propiedades terapéuticas, esta baya tiene una alta concentración de antioxidantes y vitaminas. Un estudio reciente demostró que el aceite de grosella negra puede ayudar a tratar ciertas condiciones relacionadas con el envejecimiento, como enfermedades cardíacas, dolor articular, ojos secos, cáncer y cabello debilitado.
La grosella negra es una baya originaria de Europa y Asia, cuyo aceite se comercializa precisamente por sus grandes propiedades. La formulación grasa de grosella negra permite un equilibrio correcto de ácidos grasos omega 3 y omega 6: es precisamente esta peculiaridad la que se debe a su intensa acción antiinflamatoria y antialérgica.
Mantiene la piel flexible. La grosella negra es una de las principales fuentes de omega 6, de la cual está compuesta por aproximadamente el 10% de la capa externa de la piel y es esencial para protegerla de la deshidratación. La vitamina C de las grosellas negras es utilizada por el cuerpo para producir colágeno y elastina.
Mejora la vista. La baya es rica en un potente antioxidante llamado antocianina, que ayuda a reducir el riesgo de degeneración macular.
Protege contra el Alzheimer. Los antioxidantes contenidos en las grosellas negras protegen el cerebro de la acción de los radicales libres, aumentando la producción de dopamina, la hormona de la felicidad. Los bajos niveles de dopamina se han asociado con un mayor riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.
Alivia la artritis. Los ácidos grasos omega-6 contenidos en las grosellas negras tienen propiedades antioxidantes capaces de reducir los síntomas de la artritis reumatoide, como dolor articular, hinchazón y rigidez, según un estudio británico.
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